La historia empieza, aunque parezca coincidencia, en los ya fríos días del mes de Marzo de 1992. Daniel era un joven de apenas 22 años, flamante bachiller de la facultad de comunicaciones de una prestigiosa Universidad del medio. A ello se sumada su reciente ingreso a un medio de prensa escrita de esta localidad, la felicidad era rebosante en Daniel y claro, porque no decir la felicidad de sus padres; proveniente de una familia de periodistas, corría por sus venas el deseo de poder buscar la verdad y dar al descubierto temas de corrupción que lamentablemente eran comunes por esos años.
5 de Abril de 1992, luego de un día muy pesado en el diario, Daniel sólo quería tener un momento para relajarse, poder ver algo de televisión y olvidar el terrible día obtenido. Eran exactamente las 7:07 pm cuando empezó una trasferencia en cadena nacional del mensaje presidencial. Dentro de todo lo dicho, lo más impactante para Daniel fue: “Disolver, temporalmente el Congreso de la República, hasta la aprobación de una nueva estructura orgánica del Poder Legislativo, la que se aprobará mediante un plebiscito nacional.” De manera casi inmediata sonó el celular de Daniel, él, aún atónito por lo que estaba viendo por la televisión contesta sin tener la mas mínima idea de quién podría ser.
¡Daniel! – en un tono histérico, era su jefa- necesito que vayas ahora mismo al diario para salir lo más pronto posible al Centro de Lima y poder cubrir esta locura. No podía contradecir tal orden, lo que estaba ocurriendo o estaba a punto de ocurrir sería uno de los acontecimientos más grandes en la historia del país. Una vez en el diario se dieron con la grata sorpresa que había sido tomado por las Fuerzas Armadas. Tras muchos intentos frustrados para poder ingresar al diario lo único que quedó fue coger un lápiz, papel e ir tras la noticia. Luego de caminar por las diversas calles del Centro Histórico de Lima se dan con la sorpresa – Daniel y su jefa- que todas las instituciones públicas y diarios habían sido tomados de manera violenta, inconstitucional y por ende ilegal por parte de las Fuerzas Armadas y Policiales.
La mañana del 6 de Abril trajo muchas más sorpresas, tales como la toma del Colegio de abogados de Lima y detención de su Decano el Dr. Raúl Ferrero Costa, impedimento de ingreso al poder Judicial, Ministerio Público, Contraloría de la República y otros. Para la corta carrera de Daniel era algo que él jamás se lo esperaba. Muerto de hambre, sin haber tomado una ducha desde el día anterior y la falta de experiencia en el medio periodístico, a Daniel le costaba realizar los seguimientos correspondientes, enfrentarse a los militares, pero al fin de la jornada, su trabajo fue recompensado.
El tiempo no pasó en vano. Ahora, Daniel tiene 42 años y recuerda como si fuera ayer todo lo ocurrido, y claro, todo esto es parte de nuestra historia como República, aquella historia que tantos quisiéramos pasar por alto pero están presentes. Daniel tiene un hijo, está pasando la difícil etapa de la adolescencia, esa etapa en la que se busca obtener conocimiento de cualquier lado y crear un concepto propio y punto de vista de las cosas. Desde luego que su padre le narró infinidad de veces todas las cosas que tuvo que pasar como si fuera el mismo Indiana Jones; los golpes, bombas lacrimógenas, amenazas, disparos al aire, pensando que en cualquier momento una de ellas le caería. Definitivamente es una historia poco creíble pero que, bien o mal, ocurrió.
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